México frente a una bomba fiscal: promesas sociales sin sustento.
*** El crecimiento del gasto en pensiones y apoyos sociales ya no admite evasivas: la viabilidad financiera del país está en juego.
Ciudad de México. – México se encamina, sin una discusión seria de por medio, hacia un problema estructural que ningún discurso político podrá contener: el envejecimiento de su población frente a una base laboral cada vez más reducida. Es una realidad documentada, conocida y, sin embargo, convenientemente ignorada por quienes hoy toman decisiones.
El gasto en pensiones crece año con año, mientras los programas sociales se multiplican y amplían su cobertura. Ambos responden a necesidades legítimas, pero también representan compromisos permanentes que requieren algo más que voluntad política: necesitan sustento financiero. Y ahí es donde comienza el silencio.
El problema de fondo no es la existencia de estos apoyos, sino la irresponsabilidad de impulsarlos sin una estrategia clara de financiamiento a largo plazo. Se han convertido en herramientas de rentabilidad política inmediata, mientras se pospone -una y otra vez- la discusión incómoda sobre quién y cómo pagará esa factura en el futuro.
La realidad es contundente: llegará un punto en que el Estado tendrá que elegir entre aumentar impuestos a una población económicamente activa cada vez más pequeña o recortar el gasto, incluidos los propios programas sociales. No hay tercera vía. Negarlo es, en el mejor de los casos, ingenuidad; en el peor, cálculo político.
Lo más preocupante es que este problema no solo es financiero, sino profundamente político. La falta de decisiones hoy parece responder más al temor de asumir costos electorales que a una verdadera planeación de país. Se gobierna bajo la lógica del corto plazo, dejando que la presión recaiga en futuras administraciones.
Y cuando ese momento llegue, el debate corre el riesgo de degradarse en acusaciones y oportunismo, donde cualquier ajuste necesario será presentado como una traición social, en lugar de lo que realmente es: una consecuencia de años de evasión.
México no necesita más promesas, necesita responsabilidad. Porque sostener un sistema que no se corrige a tiempo no es justicia social: es hipotecar el futuro.
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